Aunque nacionalizado alemán con nombre francés, D’Albert nació en Glasgow y vivió inicialmente en Reino Unido. A los 12 años entró a la escuela en Londres y estudió piano con Ernst Pauer, teoría y composición con Ebenezer Prout, John Stainer y Arthur Sullivan. Cuando tuvo quince se estrenó una de sus composiciones en público. A los dieciséis comenzó a actuar regularmente como pianista en los conciertos populares de Hans Richter y a los diecisiete estrenó su recién escrito concierto para piano.
Ganó la Beca Mendelssohn y viajó a Viena, donde interpretó un movimiento de su concierto con la Filarmónica y, con la ayuda de Richter, se convirtió en alumno de Liszt. D’Albert trabajó por un tiempo como pianista del rey de Sajonia, en 1895 fue director de la Orquesta de Weimar y en 1907 sucedió a Joseph Joachim como director de la “Hochschule für Musik” en Berlín.
D’Albert fue un virtuoso y un estudioso. Produjo ediciones críticas de las obras de Bach y de Beethoven, escribió cadenzas para los conciertos de Beethoven, también tuvo un profundo interés en la medicina, aunque nunca la estudió formalmente, fue vegetariano y se casó seis veces. D’Albert no escondió su adhesión a Alemania, antes y durante la Primera Guerra Mundial, y además menospreció públicamente a la cultura inglesa y a sus profesores británicos. Pero murió poco antes de aquel cambio en el orden político germano que podría haberle llevado a cuestionar sus lealtades.
Curiosamente el catálogo de D’Albert no cuenta con muchas obras para piano. Más bien está dirigido hacia la ópera y diecinueve de estas creaciones fueron producidas, mientras que una vigésima, inconclusa tras su muerte, fue completada por Leo Blech y estrenada póstumamente en Dresden. D’Albert también compuso música incidental para el teatro, una sinfonía, dos oberturas de concierto, una suite de concierto, dos cuartetos de cuerdas, una obra coral filosófica (El Hombre y la Vida), dos conciertos para piano, un concierto para cello y un ciclo de canciones para soprano y orquesta.
De todas sus obras solamente la ópera “Tiefland“, estrenada en Praga en 1903, mantiene cierta permanencia y es ocasionalmente representada en Alemania. Según el Grove’s Dictionary es una obra que al mezclar el sensacionalismo de Puccini con la solidez alemana no logra atraer a los amantes ni de uno ni de otro género.